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2020: el año que nos obligó al estoicismo

Me parece oportuno en estas fechas, y a la luz de lo que hemos vivido este año, traer de nuevo algunas de las reflexiones que me originó la lectura del libro Felices de Elsa Punset en el que la autora nos presenta algunas ideas de grandes pensadores universales. Quiero referirme, específicamente, al legado que nos dejó Epicteto, uno de los principales exponentes del estoicismo.

Para comenzar, quisiera resaltar que uno de los aspectos que trabajamos en cada uno de nuestros talleres, tiene que ver con la forma en que nosotros los vendedores manejamos nuestra felicidad y cómo nos manejamos al respecto con nosotros mismos. Siempre hemos destacado que sentirnos bien con nosotros mismos es un paso fundamental para, a partir de allí, poder conectarnos mejor con nuestros posibles clientes y, en general, con las personas a las cuales queremos influir.

Y es aquí donde nos encontramos con Epicteto quien, como mencioné, nos dejó grandes enseñanzas sobre el estoicismo. Los estoicos, que es como se les conoció a los seguidores de esta corriente, manejaban un concepto muy sencillo pero, a la vez, muy poderoso. El mismo decía: “Algunas cosas dependen de nosotros y otras cosas no dependen de nosotros”.

Epicteto nació como esclavo, y su primer dueño lo trató muy mal. Tanto, que le malogró de por vida una de sus piernas, lo cual lo hizo cojo. Con su segundo dueño le fue mucho mejor, porque le permitió estudiar. Entonces, Epicteto empezó a entender que hay cosas que están dentro de nuestro control y otras que están fuera de nuestro control.

¿Qué cosas, por ejemplo, dicen los estoicos que no están dentro de nuestro control? Definitivamente, nuestro cuerpo, nuestras propiedades, nuestra reputación, nuestro trabajo, la familia en la que nacemos, las decisiones que tomen nuestros amigos, colegas de trabajo, jefes, así como el tiempo, la economía y el hecho inevitable de que vamos a morir.

Son asuntos en los que, por más que queramos enfocarnos, no tenemos control sobre ellos. Podríamos decir que sobre nuestro cuerpo sí, razonando que si uno se alimenta bien y se cuida la salud, está previniendo las enfermedades, pero de igual manera tampoco tendríamos control de aspectos externos como que nos atropelle un carro.

Y en las ventas sucede lo mismo. No tenemos el control de la economía, ni de la emocionalidad de nuestro cliente. Pero hay cosas sobre las cuales sí tenemos control. Y ahí radica el poder de esta filosofía estoica. Y es saber qué podemos controlar y trabajar sobre ello. Puedo controlar mis pensamientos y mis creencias. Puedo controlar mis reacciones. Puedo controlar mis decisiones y puedo controlar mi actitud. Sobre esos aspectos debo trabajar con ahínco para lograr circunstancias a favor durante mis negociaciones.

estoicismo 1Entonces, el punto es cómo hacer para estar en lo que Stephen Covey denominó nuestra “área de influencia” y no en nuestra “área de preocupación”. En mi área de preocupación están las cosas que me alteran pero que no tengo el control de acción sobre ellas. Pero hay otras en las cuales sí lo tengo. Y entonces, ¿cómo hacer foco en cada uno de estos aspectos que sí puedo controlar? Ante ello, los estoicos decían que “no controlo el mundo que me rodea, pero sí controlo cómo reacciono ante lo que me pasa en cada uno de estos eventos”.

Estoy seguro de que, a estas alturas de este año lleno de retos y aprendizajes, cada uno de ustedes que me lee, tendrá su lista de las cosas que aprendió que no puede controlar y los invito a reflexionar sobre los aspectos en los que sí puede influenciar.

Estoy convencido de los principios del estoicismo y creo que tenemos que hacer foco en los aspectos que están bajo nuestro control, como por ejemplo que nadie puede obligarnos a creer algo en lo que no creemos, y esa es la mayor libertad que tenemos como seres humanos y como vendedores.

¡Felices fiestas!

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