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estados emocionales

Acerca de los estados emocionales

En el artículo anterior comentábamos acerca del hecho de que la vida tiene momentos duros y momentos más amables, y que, en buena medida, es posible que nos hagamos del hábito de aprender a dar una visión positiva a la mirada que tenemos sobre nuestro entorno. Hablemos, entonces, de los estados emocionales.

Existe algo que se conoce como el sesgo de atención, el cual es personal en cada individuo. Se trata de una especie de filtro personal que tiene cada quién, que le permite enfocarse en determinados aspectos por sobre otros. Hay personas, por ejemplo, que viven en un mundo de oportunidades que, aunque no niegan la realidad de los problemas, tampoco niegan la posibilidad de las oportunidades. Hay otras que, al contrario, viven constantemente en un mundo de amenazas. Ambas personas Viven en el mismo espacio físico, pero no viven en el mismo espacio mental. Si uno vive en un espacio de amenazas, por supuesto, no podré ser emprendedor, ni trataré a la gente con afecto, porque en todas partes veré enemigos y viviré con miedo al fracaso… y esa será de las  profecías que se autocumplen, porque si yo creo que hay oportunidades, resultará que encontraré una dificultad y tendré que lidiar con ella, pero no llevaré toda mi atención al problema, sino a la búsqueda de la solución, con lo cual será mucho más probable que la encuentre.

Los científicos se han preguntado, durante muchos años, si esta capacidad de mirar siempre hacia adelante es genética. Y cobró fuerza cuando se descifró el genoma. Al respecto, la ciencia había establecido que el asunto es genético en un cuarenta por ciento. Sin embargo, recientemente se ha podido demostrar (a través de una ciencia llamada epigenética) que los estados emocionales de la persona logran afectar el material genético, al movilizar unas hormonas, moléculas de la emoción, que interactúan con la membrana de la célula, que tienen acceso al material genético, y hacen que unos genes se queden dormidos y otros despierten. Esto quiere decir que, ni siquiera se puede afirmar que el optimismo o el pesimismo sean genéticos en un cuarenta por ciento, sino que el ser humano no está hecho del todo, sino que se va haciendo.

Esto nos devuelve al tema del que hablábamos en uno de los artículos anteriores. No se trata de que una persona finja la sonrisa y ya. Es que nuestro cerebro puede cambiar. Por tanto, se trata de un proceso que permite moldear nuestra percepción de la vida, o nuestro sesgo de atención. Lo cual quiere decir que cuando nosotros estamos buscando el lado positivo de la vida, estamos cambiando la estructura física del proceso. Las nuevas neuronas de la memoria y el aprendizaje, reestructuran toda nuestra personalidad, porque se conectan con la corteza cerebral. Es decir, que podemos reinventar nuestro cerebro. Y si va pasando el tiempo y nos mantenemos en el cambio de actitud, llega un momento en que el cerebro, físicamente, cambia, y de manera natural empezamos a ver con especial facilidad aquello que sí está bien, con lo cual nuestra forma de relacionarnos con la vida cambia radicalmente, siendo capaces de hacerlo con más ilusión. No es que pasaríamos a negar el problema, sino que le daríamos más peso a la oportunidad.  

Se trata, en definitiva, de revisar los estados emocionales, de conocerse para comprenderse y comprenderse para superarse.

Hay veces en la vida en las que en el ámbito personal o profesional, vamos logrando avances importantes con pequeños cambios. Pero en otras ocasiones tenemos que hacer cambios radicales, transformaciones profundas. En ese momento necesitamos aflorar de nuestro interior talentos, capacidades, que no sabemos que tenemos y que son esenciales para poder dar ese paso. Y esto no quiere decir que tenemos que convertirnos en personas distintas a la que somos, sino que se trata de una invitación para que nuestra forma de ser y de estar en el mundo pueda traernos de la vida mucho más de lo que nos ilusiona.

  1. Así como creo en la memética, también creo en la autopoieisis. La gestíón del cambio es autopoiético. Somos seres espirituales, que compartimos la energía universal, me atrevería a decir que compartimos la genética divina por ser su creatura. De hecho, somos imagen de Dios en cuanto a Inteligencia, Libertad y Voluntad.Pues allí es donde radica la perfección del ser humano, esa energía que se libera sistémicamente desde el cerebro triuno, la capacidad de razonar pero también actuar por emociones. Somos seres emocionales y a veces tomamos decisiones de tal naturaleza, con la mirada puesta en la sobrevivencia reptil, otras veces actuamos racionalmente cuando hacemos juicios de valor sobre una realidad vista desde una perspectiva personal, de acuerdo con nuestros principios y filosofía construida a lo largo de nuestras vida y nuestras propias experiencias. Creo que lo más importante es SER, dejándonos llevar a veces por la intuición, otras por la emoción o por la razón, pero siempre alineados con nuestra propia identidad, que ganemos la autoridad y el respeto por el ejemplo, por cumplir las promesas, por practicar lo que predicamos,por ser ciudadanos éticos, dignos de emulación. Creo que este es el corazón de la inteligencia emocional y la fuerza motriz de nuestro comportamiento individual y colectivo

  2. Excelente articulo Carlos me gusto mucho.!
    Esto va en concordancia con una frase que leí en un libro del Dr. Camilo Cruz en relación a este tema que dice: “..el pájaro no canta porque es feliz, es feliz porque canta.”
    Es la acción moldeando el pensamiento.

  3. Hola. Excelente articulo. Lo que mas me llama la tensión es que aciertas por completo el problema que es en relacion a la actitud y desarollo mental de cada individuo a lo cual el mismo es incredulo y no tiene ni la menor idea de lo que es capaz de realizar el desempeño de esta cualidad personal que por ende es unica en cada ser. Muy bueno. Pero como le hacemos saber a las personas de edta cualidad? Saludos un abrazo

  4. Muy buen tema. Me hizo recordar las eneñanzas del apóstol Pablo cuando recomienda a los cristianos de su época, en la carta a los Romanos: “cambien vuestra manera de pensar para que cambie vuestra manera de vivir”.
    Felicitaciones por el artículo.

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