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cultura

La cultura de innovación: un interesante reto.

Se entiende por “cultura” al conjunto de ideas, tradiciones y costumbres que caracterizan y forman parte de la identidad de un pueblo, clase social, época o, en general, cualquier grupo humano que tenga espacios, vivencias y habilidades comunes. Se trata de la manera de “hacer las cosas” y de resolver situaciones prácticas, trasmitidas de generación en generación. No en vano alguien comentó, con mucha agudeza, que la “cultura es lo que se olvida”. Es decir, que los conocimientos adquiridos de esta manera se asimilan y se convierten en conductas cotidianas.  Al asimilarlos, pasan a formar parte de nuestro modo de pensar y de actuar en determinado ámbito, no porque una regla escrita así lo indique, sino porque se convierte en “la forma” de hacer las cosas. De allí que las sociedades se esfuercen en producir cultura en áreas como el ahorro, el respeto, la limpieza de la ciudad, las normas de tránsito, por mencionar algunos aspectos, a fin de que las acciones de las personas dejen de tener una coacción para internalizarse como un valor adquirido.

La cultura es todo lo que hacemos sin pensarlo ni proponérnoslo expresamente. Es un modo de hacer. Cruzar por el rayado, hacer arepas para el desayuno, cerrar el grifo cuando no lo estamos usando, ir a la playa en las vacaciones, reunir a la familia la noche de Navidad, y así, con hábitos propios de nuestra religión, país o grupo social.

La cultura determina cómo actúan, trabajan y se comportan los integrantes de una organización. La cultura se convierte en “la forma cómo se hacen las cosas” en dicha organización. Es por eso que una cultura empresarial consolidada declara sus valores. Forman parte de su identidad: atención personalizada, honestidad, confianza, puntualidad, responsabilidad, calidad, trabajo en equipo, calidez, innovación, por nombrar algunos.

Siendo así, por cultura de innovación se entiende entonces el desarrollo de habilidades y destrezas que conduzcan a las organizaciones a generar nuevos productos, servicios o procesos. O, más específicamente, es el conjunto de procesos de transformación y de cambio que se implementan en el entorno o en la sociedad en general, y cómo éstos se aplican a través del reconocimiento de todas las capacidades y las experiencias de los integrantes de la comunidad u organización a la que pertenecen, a fin de vincularlos desde su manera de pensar.

Es por esto que, si una organización desea adquirir un modelo de innovación, debe haber desarrollado en principio una cultura de innovación. De lo contrario los promotores de ese modelo deberán lidiar con la resistencia de los integrantes de la organización, que no están acostumbrados a esos procesos y que no han internalizado esa manera de pensar, lo que conllevaría a que encontrarán pocos aliados para llevar a cabo dichos cambios.

Cuando se propicia un cambio en la cultura de la organización, los resultados comenzarán a verse de manera gradual, hasta llegar a adquirir un punto en que parecerán espontáneos. Y, de hecho, lo serán. La implementación y asimilación de un cambio cultural, propiciará la aparición de nuevos modos de pensar y actuar y, con ello, de nuevos líderes dentro de la organización, así como de un nuevo lenguaje, el cual será el resultado de la asimilación a esa manera de pensar y, por ende, de actuar.

La cultura de innovación nos permitirá, por ejemplo, determinar cómo tratar y qué hacer con una nueva idea y con qué frecuencia ponemos a prueba nuestra forma de hacer las cosas. Cuando esta cultura está bien sustentada, todos los miembros de la organización están abiertos al cambio, a pensar diferente, a generar nuevas ideas y a llevarlas a cabo. Desarrollar esta cultura permitirá la incorporación de ésta en los procesos, los indicadores, los objetivos, los alcances, es decir, en todos los ámbitos de la organización. Esto llevará a que toda la empresa se moverá hacia resultados de innovación.

Es lo que se conoce como un círculo virtuoso: A mayor cultura de innovación, más aspectos de la organización se ven involucrados en resultados orientados a la misma, lo que reafirmará, como consecuencia, una mayor cultura de innovación.

El reto consiste en lograr que todos los miembros adquieran esa nueva visión de hacer las cosas. Pero para ello deben adquirir esa nueva forma de pensar. Tiene que convertirse, como sucede en toda forma de organización humana, en algo que termine por hacerse sin pensarlo, en algo tan interiorizado que pasa a ser la forma de entender los procesos que se llevan a cabo. No es un reto fácil, pero produce muchos beneficios una vez alcanzado.

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