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Perderle el miedo al cambio

Como veníamos comentando en el artículo anterior, la sociedad educa a sus miembros para sentirse a gusto en lo conocido y sentir incertidumbre hacia lo novedoso. Es decir, nuestra naturaleza se resiste a los cambios como una forma de protegernos de la incertidumbre. Por eso es tan importante aprender a vencer ese miedo y aceptar los retos que suponen las nuevas ideas, las nuevas corrientes o los nuevos métodos. Sobre todo porque es más valioso convertirlo en una práctica común, que tener que buscar la manera de adaptar cambios cuando los viejos métodos se vuelven inviables para los nuevos tiempos.

Ir ampliando nuestra zona de confort ya es un buen comienzo para animarnos a no sentir miedo y comenzar a aceptar los cambios en nuestras vidas, de manera que nos volvamos más flexibles

De allí la importancia de la innovación, un término introducido en los procesos de producción por el economista austro-estadounidense Joseph Alois Schumpeter, a través de su “Teoría de las innovaciones”, la cual define como el establecimiento de una nueva función de producción, señalando que la economía y la sociedad cambian cuando los factores de producción se combinan de una manera novedosa, afirmando que invenciones e innovaciones son la clave del crecimiento económico.

La innovación, entonces, es un término relacionado con la productividad económica. Es la capacidad de aplicar nuevas ideas, productos, conceptos, servicios y prácticas a una determinada actividad o negocio, con el fin de incrementar la productividad del mismo y hacerlo más atractivo para sus potenciales usuarios o consumidores.

Es importante destacar que este término no se aplica a un invento en sí, sino a la imposición de una novedad técnica u organizacional en el proceso de producción. Es decir, la innovación es todo un proceso para convertir una buena idea en un resultado que demuestre su efectividad. Por eso la innovación supone un clima en la organización y un modo de hacer las cosas. Es el resultado de saber detectar buenas ideas e implantarlas exitosamente.

Es por esto que la innovación es una actitud fundamental para, cambiando los procedimientos, cambiar los resultados. Y si esto se vuelve parte sustancial de nuestras operaciones, siempre podremos propiciar nuevas formas de ver la realidad, lo que nos da una enorme ventaja sobre nuestros competidores, porque aprenderemos a producir con vista en el futuro, y no con vista en el pasado.

La inventiva humana ha demostrado la importancia capital que tiene la innovación, no solo para el crecimiento económico de las empresas, sino para una mejor calidad de vida de la humanidad, en general. Gracias a la inventiva, gracias a la capacidad de ver las cosas distintas, disfrutamos de los grandes inventos del hombre. Desde el bombillo hasta el carro, desde la computadora hasta el celular, pasando por el telégrafo y cosas tan sencillas como las maletas con ruedas, el ser humano disfruta de aparatos e invenciones que hoy por hoy ve como normales, pero que fueron el resultado de alguien preguntándose cómo se puede mejorar lo ya conocido, obteniendo con ello productos novedosos.

En fin, que todo cuanto hagamos por desarrollar nuestra creatividad se convertirá en una semilla para propiciar ideas innovadoras que, con un clima motivador, puede conducir a la innovación como parte integral de la naturaleza de nuestra organización. Pero ese cambio de paradigma nace de un primer pequeño reto: aprender a perderle el miedo al cambio.

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