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Importancia de la diversidad en la innovación

No se concibe el nacimiento de nuevos productos en la industria actual, sin innovación. De hecho, dado el nivel de sofisticación que ha adquirido el mercado, no es posible siquiera la competitividad sin una permanente capacidad de innovación. Más aún, sin una actitud de innovación. Esto es, sin llegar a consolidar una cultura de innovación en la empresa. No en balde, la diversidad de productos y servicios que se ofrecen en el mercado actual suelen ser el resultado de una combinación de elementos existentes a los que se aplicó una nueva fórmula, una mejora, una nueva capacidad.

En la Venezuela de hoy, por ejemplo, no sería posible intentar un emprendimiento sin una alta dosis de innovación. No son pocos los desarrollos y servicios nuevos que se están ofreciendo al mercado, que son el resultado de un estudio del mismo, con miras a perfeccionar algún producto o servicio que ya existía. Ese dicho que asegura que “la necesidad agudiza el ingenio” nunca había estado más vigente.

De esta manera vemos cómo las nuevas presentaciones, los nuevos servicios, los nuevos empaques que aparecen en el mercado, son el producto de la necesidad de afrontar las condiciones adversas en las que se encuentra el mercado, con el fin de hacer más atractiva la compra de los productos, por parte del público consumidor.

Estas innovaciones son posibles gracias a la apertura hacia nuevas formas de enfocar los procesos de siempre, con miras a ofrecer productos que se adapten a las siempre cambiantes condiciones del mercado. Y más aún en tiempos de crisis. Es obvio que para lograr estos resultados, y dar con estos hallazgos, las organizaciones deben explorar fuera de su entorno natural para generar ideas valiosas en realidades desconocidas.

Y cuando hablamos de realidades desconocidas nos estamos refiriendo a nuevos mercados, nuevos contextos, nuevos clientes. Y la clave de ello está en la diversidad, que es la que nos permite tener una perspectiva mucho más amplia hacia afuera de la organización, aunque también puede aplicarse hacia dentro de la organización.

Para lograr esta amplitud de criterio que nos deja la diversidad, es necesario que los líderes de la empresa fomenten encuentros entre personal de los distintos departamentos para atacar problemas comunes. Que reúnan, por ejemplo, colaboradores de áreas financieras con los de áreas operativas o de mercadeo, con la intención de permitirles compartir experiencias de trabajo diferentes a las rutinarias. Esto permitirá a todos los distintos grupos, conocer las perspectivas del negocio vistas desde áreas a las cuales no tienen acceso frecuente, y generar un provechoso intercambio de nuevas perspectivas, productos de esas experiencias.

Para el éxito y el máximo aprovechamiento de este ejercicio, los facilitadores que lleven a cabo este proceso deberán realizar previamente un proceso de preparación y adiestramiento de los participantes, a fin de que no cuestionen a priori las ideas de los demás y se abran a nuevas perspectivas acerca de su área de desempeño.

Todos tenemos algo que aportar al proceso de innovación de la organización. De hecho, todos tenemos la capacidad de ser innovadores y desarrollar ideas con enorme potencial de desarrollo para una mayor productividad de nuestros productos y servicios. Cada individuo vive experiencias únicas, posee fortalezas y habilidades, se enfrenta a sus propios problemas y debilidades, y tiene a su alcance oportunidades propias. La labor de los facilitadores consiste en propiciar espacios de encuentro para aprovechar los distintos puntos de vista y vivencias personales. Del diálogo y la conexión de este conjunto de vivencias se puede crear algo verdaderamente innovador, lo cual incidirá no sólo en la competitividad de la empresa, sino aún más allá de su permanencia en el mercado.

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