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Decidir entre evolucionar o morir

Como ya lo hemos comentado con anterioridad, los tiempos de cambio son propicios caldos de cultivo para poner a prueba la creatividad. Las empresas que sepan adaptarse (e, incluso, prever) los cambios y las nuevas tendencias del mercado, saldrán fortalecidas en estos tiempos. Por terrible que suene, el lema que se impone es evolucionar o morir. Por tanto, el tema de la innovación cobra importancia capital en los tiempos que vivimos, ya que incrementa las posibilidades de éxito en el mundo competitivo de hoy.

Considero útil precisar, en este artículo, el alcance real del término, a efectos de que sepamos de qué hablamos cuando hablamos de innovación. De hecho, dado que el término está en boga, han surgido diversas definiciones. Una de las más completas, por supuesto, es la que ofrece la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. Según esta institución, por innovación se entiende:

«Un proceso iterativo activado por la percepción de una oportunidad proporcionada por un nuevo mercado y/o nuevo servicio y/o avance tecnológico que se puede entregar a través de actividades de definición, diseño, producción, marketing y éxito comercial del invento».

Por su parte, Kenneth Paul Morse, cofundador de varias empresas de tecnología, la define escueta y eficazmente como «la comercialización con éxito de una invención novel». Ambas definiciones conllevan a entender que la innovación incluye la invención y la comercialización de esa invención. Y es que, de hecho, etimológicamente “Innovación” es, introducir algo nuevo.

Por tanto, la innovación, para ser tal, supone ambos procesos: crear algo nuevo e implantarlo con éxito en el mercado. Esto es, la introducción exitosa al mercado de un proceso, producto o servicio que sea nuevo o que no se haya hecho antes (o, al menos, no de la misma forma).

Vale destacar que ese algo nuevo que estamos creando debe, según su propia definición, tener éxito comercial. Es decir, que la innovación tendría como objetivo fundamental la explotación comercial, esto es, resolver exitosamente una necesidad del mercado.

Por tanto, la innovación está íntimamente relacionada no sólo con la creatividad, sino que además incluye un tema de organización y gestión de empresas. Por tanto, la innovación puede suponer una renovación no sólo de productos o servicios, sino incluso de la propia empresa, generalmente actualizándose a las demandas del mercado. En ese caso, el éxito de las empresas dependerá del grado de innovación que esté dispuesta a asumir.

Esto enfatiza el hecho de que la innovación no puede ser un hecho fortuito ni aislado, sino que debe ser parte de una filosofía de trabajo dentro de las organizaciones. La innovación es un espíritu de trabajo dentro de la organización, e incluye a todos los elementos de la misma. No es un asunto de ventas, de mercadeo, de producción o de alta gerencia. Es un asunto de la organización en general, y tendrá éxito en tanto todos se comprometan con sus logros.

Es natural que en tiempos de crisis las empresas buscan una mayor rentabilidad. La creatividad al servicio de aquella ha despertado un enorme interés por la innovación. El tema, sin duda, está en el ambiente. Además de las razones obvias, este interés demuestra que las empresas están conscientes de la importancia de cambiar para evolucionar, de adquirir una nueva filosofía de trabajo, de estar atentos a las necesidades del mercado, y hasta prepararse para anticiparse a ellas y de entender que con creatividad y organización no hay empresa que no pueda competir en el mercado.

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